Me llama poderosamente la atención la prudencia de los medios de comunicación, opinadores y políticos con respecto a los acontecimientos que están sucediendo en varios países al Sur del Mediterráneo y Oriente Próximo. Es una revolución que rebasa los límites de un país, no soy experta historiadora pero no creo que tenga precedentes, es una revolución globalizada; es más que evidente que no son hechos aislados que coinciden en el tiempo sino que hay un nexo entre unos y otros, un contagio.
Los periódicos y la televisión muestran la información de manera un tanto aséptica, ha ocurrido esto y aquello pero pocas valoraciones. Da miedo posicionarse, ¿por qué?, ¿pensábamos que no era posible una revuelta popular que pida democracia en el mundo musulmán?, ¿no vemos posible que ocurra sin ir de la mano de occidente?, ¿qué opinión tendríamos si estos mismos hechos ocurrieran en otros países? ¿qué opinamos hace un año de las protestas ocurridas en Birmania?. Creo que tenemos demasiados prejuicios con respecto a ello.
De entre todos los artículos que he leído esta semana en busca de opiniones valientes, sólo he encontrado valentía en uno, curiosamente no estaba en la sección internacional, ni en la de opinión. Estaba en la sección de cultura y era una entrevista que le hacían ayer a Jean Daniel, argelino y nonagenario fundador del Le Nouvel Observateur , que opina que lo importante no es el futuro de esta ola de movilizaciones sino el hecho de que hayan ocurrido, y me sumo.
Es cierto que el futuro y los resultados de estos acontecimientos son bastante inciertos, y que irremediablemente nos recuerdan a lo que ocurrió en la Revolución Cultural de Irán. Tampoco se debería generalizar porque cada uno de los países vive circunstancias particulares y diferentes pero hay rasgos de estas revueltas que creo que habría que resaltar.
Mayoritariamente se trata de movilizaciones de carácter pacífico. Se repite continuamente la palabra democracia. No parece que haya reivindicaciones religiosas, tribales o étnicas. La televisión Al-yazira está actuando de forma suficientemente objetiva como para garantizar la información desde “dentro” (me refiero a que no se trata de un medio occidental). El hecho único de la rapidez del contagio debido al avance de la comunicación global. No parecen estar promovidas por potencias externas.
Este último punto me parece importante; la política exterior del Gobierno de Obama es mucho menos intervencionista que la de sus predecesores, Rusia está fuera de circulación, China anda demasiado ocupada en hacer negocios y a Europa con la crisis le ha pillado a contrapié. Viendo los resultados que tuvieron las políticas intervencionistas de la época de la Guerra Fría con sus Juegos de Guerra estratégicos y la posterior política exterior siempre pendiente de los intereses geopolíticos y comerciales -que priman la estabilidad sobre la democracia-, mucho mejor el escenario actual.
En Europa nos ha pillado literalmente a contrapié, porque estamos dando pasos hacía atrás en lo referente a democracia y soberanía, decisiones cada vez más importantes sobre nuestro futuro las toman los mercados, y es difícil acompañar a alguien que camina hacia delante si tú vas andando hacia atrás.
Desafortunadamente los dictadores moribundos tienen muy mala leche y ayer conocimos la noticia terrible de la represión militar en Libia, y los pasados días algunas reacciones violentas por parte de los gobiernos en los demás países (en mayor o menor grado pero dramáticas en todo caso). Deseo de todo corazón que los ciudadanos y ciudadanas que han decidido protestar por la situación de sus países encuentren su propio camino, que sepamos cómo ayudarles a encontrarlo o por lo menos no seamos un obstáculo.
Una nota, la bolsa cayó ayer con motivo de clima de “inestabilidad“. ¿No es repugnante?.
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